Nadie se confiesa mal por falta de talento o por falta de memoria.
Si, después de prepararte con empeño y diligencia, se quedase algún pecado olvidado, no importa: lo olvidado queda perdonado y puedes ir a comulgar. Si mas tarde te viene a la memoria, tienes obligación de acusarte de el la primera vez que te confieses.
Cuando se puede, se debe decir el número de pecados mortales de cada clase: si lo sabes con exactitud, di el número fijo; si no, di el número aproximado o, al menos, cuantas veces al ano, o cuantas veces al mes, o a la semana, o al día.
Dios no manda nada imposible: si no puedes acordarte de todos los pecados o si no puedes precisar su número exacto, basta manifestar el número aproximado: cuanto tiempo duro la mala costumbre, cuantas veces poco mas o menos pecabas al día, a la semana, al mes.
No hay obligación de confesar los pecados dudosos; con todo, es mejor decirlos como dudosos. La duda puede ser de si cometiste o no el pecado, de si fue grave o leve, de si lo has confesado ya o no lo has confesado.
Basta confesar bien los pecados una sola vez. No hay ninguna obligación de volverlos a confesar, pero puede hacerse.
Basta decir la sustancia del pecado y las circunstancias que determinan la clase de pecado. Pero no es preciso contar la historia, el modo, etc.
Al recorrer los pecados contenidos en el siguiente catalogo solo tienes que acusarte de aquellos que tu has cometido.
También has de tener presente que no todos los pecados que se pueden cometer o que quizá tu has cometido se contienen en este catalogo; por lo cual, si recuerdas algún pecado que aquí no se mencione, no dejes por eso de confesarlo.
No todos los pecados consignados aquí son siempre mortales: el que no sepa distinguir si es mortal o venial, basta que lo manifieste sencillamente tal como sucedió y se lo dicte al conciencia.
El que por culpa o por vergüenza calla algún pecado grave en alguna confesión, todas las que después haga no le valen, y esta obligado a repetirlas todas y a confesarse desde que callo el pecado, confesando también este y los que entonces tenia.
Lo primero, antes de empezar el examen, ha de ser pedir luz a Dios para conocer tus culpas y gracia para arrepentirte, de ellas.
Ten presente que el dolor de los pecados es un requisito esencial para confesarte bien. No es necesario que este dolor sea sensible. Basta que uno deteste sus culpas con la voluntad, que le pese de haberlas cometido, que desee no tenerlas sobre si, que se avergüence de haber pecado: por ser el pecado una bajeza, o por temor de los castigos eternos, o por la ingratitud que supone para con Dios, o por amor a Jesucristo crucificado, o por ser Dios quien es, siempre tan bueno con nosotros.
Notas importantes:
Aunque no tienes obligación de poner los pecados por escrito sin embargo, cuando te prepares para confesarte siguiendo el examen que viene después, fíjate que todas las preguntas van numeradas dentro de cada mandamiento: para que puedas hacer tu confesión en poco tiempo y muy bien, puedes anotar en un papel el numero de aquellas preguntas donde tu tienes algún pecado. Luego al confesarte, teniendo delante este Manual y tu papel, lo recordaras todo sin dificultad.
Lo que no debes hacer en ningún caso es recorrer en el momento de confesarte, una por una todas las preguntas que hay en ese examen, tengas el ellas pecados o no los tengas. No lo hagas de esa manera. Ese repaso tienes que hacerlo antes de ir a confesarte, recorriendo tu todas las preguntas; pero no debes hacerlo nunca en el momento mismo de la confesión.