porque he manchado mi alma con el pecado, degradándome;
porque he renunciado a mi razón y a tu ley, olvidando que soy hombre y criatura tuya, en tus manos;
porque me he jugado la eternidad y me he expuesto a tus castigos paternales en esta vida y tras la muerte;
porque quise condenarme y renuncie al Reino de las Cielos, a la dignidad de hijo do Dios, a la gracia que me diviniza, a tus dones y regalos, a tu paz, prefiriendo la carne, la tierra, el orgullo...;
porque olvide tus beneficios, tu bondad de Padre para conmigo, los inmensos regalos y misericordias, que desde que nací me hiciste y me haces...;
porque olvide la Sangre de tu Hijo Jesucristo, Señor y Hermano mío, que pago con su muerte las miserias mías, que me amo mas que nadie en el mundo, pues hizo por mi lo que nadie hizo: morir;
a quien crucifico uno y otro ida con mis caídas y debilidades;
porque eres Tu, Señor y Dios mío, inmenso e infinito bien, digno de ser amado con todo el corazón y todo el pensamiento y todas las energías, por encima de todas las cosas; Tu, Supremo Bien mío, para quien exclusivamente fui creado; Tu, mi Dios y mi Señor único;
por todo ello, poniendo por intercesora a mi Madre la Virgen Santísima, de quien soy hijo, y prometiéndote, una vez mas, no caer, morir antes que pecar, evitar los peligros y ocasiones, hacerme sangre en el alma para resistir y, en particular, prometiéndote enmendarme y poner remedios eficaces;
doliéndome con dolor sincero, aunque mi corazón no lo sienta; doliéndome con mi voluntad pero con deseo de que el olor se extienda hasta los tuétanos,
te pido perdón como el hijo prodigo:
"Padre, peque ante el cielo y ante Ti"; rectifico mi conducta pasada totalmente, radicalmente, y quisiera no haber hecho lo que hice y no hacerlo mas.
Padre: olvida mi miseria y cobardía. Acuérdate de tus misericordias, lávame ahora con tu gracia sacramental, salve mi vida para que sea limpia y fiel a tu servicio.
Tú no desprecias un corazón contrito. A Ti, Señor, vuelvo mi rostro; sálvame, Señor; alégrame en el camino de los Mandamientos e infunde constancia en mi juventud.
En Ti he esperado, no seré confundido. Por los siglos de los siglos. Amén.