Preparación • Oye con gran atención al P. Director cuando expone la materia de la meditación. Procura quedarte con los puntos esenciales, de modo que retengas el esquema y puedas hacer el resumen.
• Mientras escuchas, vete pensando tu por dentro con gran actividad interior: de tal manera que sean dos cosas simultáneas: oír y pensar.
• Antes de empezar a orar, senalate el tema o los temas de conversación que vas a tratar con Dios: si los concretas brevemente por escrito, mejor. Con precisión, con orden, con claridad.
Introducción • ¿A donde vas y a qué? Vas a la oración y vas a entrar en contacto intencional y amoroso con El, vas a conversar familiarmente con quien sabes que te ama. Vas a tomar conciencia de que Dios esta contigo; vas a elevar tu alma hacia Dios para unirte con El por el afecto; vas a oír a Dios que te hable silenciosamente; vas a dejar desbordarse tu alma a impulsos de la fe, de la esperanza, del amor; vas a poner tu vivir sincronizado con el pensamiento y con la voluntad de Dios...
• Eleva tu pensamiento: Dios te ve. Levanta tu corazón: Dios te ama. Ponte bajo el influjo de su mirada amorosa.
• Cuando estas ante Dios, en reverencia y en amor, oras. Toda palabra dicha a Dios, cuando sale del fondo del corazón, El la escucha con amor.
Ambientación • Empieza siempre tu oración humillándote: te basta con responder pensando en tu miseria y tu pecado.
• Ofrece a Dios tu oración, pídele su gracia, rectifica la orientación de tu vida: buscar a Dios.
• Reconstruye la escena: trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte muy en ambiente. Hazte presente a los hechos.
• Sabes que buscas en esta oración, ¿que te propones? Pídeselo a Dios de corazón.
Actuación • Trae a tu mente el tema de la conversación: Dios lee tu pensamiento y puedes hablar con El sin palabras: con sencillez, con sinceridad, en espíritu y en verdad.
• Coméntalo con Dios: le cuentas la escena, le explicas la verdad de lo que se trata, te impagas de su luz y de su calor como cuando tomas e sol, te paras para contemplar el panorama como cuando subes a un monte, saboreas los efectos, te complaces en los sentimientos que Dios suscite en tu corazón.
• Deja que Dios, ore en ti y contigo: réstale tu mente y tu corazón, Pide por Cristo, adora con Cristo, ama a Dios en Cristo.
Procura también unirte a toda la Santa Iglesia: a tantas almas fervorosas que oran y aman a la vez contigo y por ti.
Actitud • Toma la postura que mas te ayude: no la mas molesta, ni la mas cómoda: busca la quietud total.
• No tengas prisa: ora con calma, sosegadamente, con gran paz, como quien respira a ritmo lento.
• No vaciles en pedir, pero procura también adorar, agradecer, arrepentirte, desear, confiar, amar.
• Supera las distracciones: no te atasques en ellas, ni te desanimes por ellas, no desistas de orar a pesar de todo.
• Ejercita ante todo la voluntad, levanta tu corazón y manténlo levantado. Con afectos de esperanza: aprende a esperar contra toda esperanza. Con sentimientos de amor: ama al menos con el deseo.
• Refuerza y recalienta las ideas con afectos: afectos nobles, vigorosos, sanos, elevados, santos...
¿Oración o lectura? • No conviertas la oración en lectura: el libro te impediría orar.
• Si no puedes otra cosa, haz lectura meditada: poca dosis de lectura y mucha de reflexión.
• Sigue la pauta del libro o del apunte, pero en atarte: solo en la medida en que ti ayuden.
• Si puedes prescindir de ellos, mejor: da vuelo a tu pensamiento y a tu corazón. Comunícate, ora, ama.
Finalmente... • Si quieres avanzar en la oración, se mortificado.
• Tu oración ha de ser dialogo y no monologo.
• Mas que hacer actos de oración, aspira a vivir en estado de oración.
• Ten confianza en Dios: mírale como Padre.
• Busca en todas las cosas a Dios con paz.
• Así iras hallando tu comino en la oración.