
Padre Amando Llorente, S.J.
"Pescador de Hombres" por 50 años...Artículo de "La Voz Católica" por Araceli M. Cantero
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El 5 y 6 de diciembre el padre Llorente
recibirá homenajes por sus 50 años de sacerdocio.
MIAMI--Ha cumplido 80 años de vida y 50 de sacerdote, pero el padre Amando LLorente S.J. sigue mirando hacia adelante y no deja de soñar.
Junto a la bahía de Biscayne en el noreste de Miami, el Director Espiritual de la Agrupación Católica Universitaria, conocida como ACU, ha logrado crear un recinto sagrado al que acuden anualmente cientos de hombres y mujeres en búsqueda de renovación. Allí también acuden los "Agrupados" para renovar su compromiso de transformar el mundo en Reino de Dios.
Pero, para este jesuita que un día quiso ser misionero, como uno de sus hermanos, las metas alcanzadas no le satisfacen. Como buen hijo de San Ignacio siempre sueña con algo más y ahora piensa que junto a la Casa de Ejercicios Juan Pablo II se puede edificar una residencia para que estudiantes de Latinoamérica puedan venir a estudiar a Estados Unidos, y al mismo tiempo recibir una buena formación.
"El terreno ya lo tenemos," dice el sacerdote confiado. Y junto a la confianza pone manos a la obra: Visitas, llamadas por teléfono, contactos... Estos no le faltan. Y prueba de ello es una línea de teléfono bastante ocupada, un constante reguero de visitas a su despacho y viajes fuera de Miami al menos tres veces al año. Y es que la familia esta Congregación Mariana de los padres jesuitas ha ido creciendo.
Además de Miami tiene ya casas y miembros en Washington, Nueva York, Orlando y Puerto Rico y quienes participan en sus actividades atribuyen el crecimiento a su incansable Director.
Para el Padre LLorente, la Agrupación lo es todo. A ella ha dedicado toda una vida de ministerio sacerdotal, aunque al recordar los inicios de su vocación él reconoce que los planes eran otros.
En 1942, el joven novicio Amando LLorente era enviado a Cuba para completar una etapa de su formación jesuita: tres años de maestrillo en el Colegio de Belén.
Dice que después de los estudios de filosofía y humanidades, los jesuitas ponen a prueba las cualidades humanas de sus candidatos en el trato con la gente. "Querían ver cómo era ya más allá de los libros", dice "Esta era la meta de mi estancia en Cuba.
Su llegada al colegio coincidió con la de un alumno llamado Fidel Castro, que venía de la provincia de oriente para terminar el bachillerato. Durante tres años se estableció una relación estrecha que muchos piensan aún continúa. No sólo era el joven novicio el encargado de la Primera División. Además organizó el cuerpo de Exploradores en donde pronto destacaron los dotes de mando de Castro.
Quienes han escrito sobre el líder de la revolución cubana no han podido ignorar la relación con el joven maestro jesuita. Años más tarde, cuando a la Iglesia le preocupaba lo que estaba ocurriendo en la Sierra, fue a LLorente a quien se le pidió visitar a su antiguo alumno en el cuartel rebelde. Sobre lo que encontró, ha escrito José M. Hernández al narrar la historia de la ACU: unos guerrilleros harapientos y pobremente armados y un líder que "acampaba solo, en lugares apartados y secretos a fin de evitar atentados contra su vida".
De todo ello el padre Llorente no habla. Fiel a su lema prefiere "hacer historia y que otros la escriban".
Cumplida su etapa de "maestrillo" en Belén, pasó de nuevo al mundo académico, esta vez en la Universidad de Comillas para estudiar teología. Recuerda con gozo "a compañeros fabulosos, idealistas, gente que venía de las misiones, de China. Era un ambiente de heroísmo".
Y cuando llegaron las evaluaciones, sus superiores le dijeron : "Parece que estás hecho para Cuba, ¿qué necesitas para volver"?
En sus tres años en Cuba él había captado se valoraba el sistema educativo inglés y pidió ir a Oxford en donde terminó la teología y fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1948, día de la Virgen de la Caridad. En los exámenes orales, pues los estudios eran en latín, el joven teólogo dejó asombrados a los profesores con su dominio de la lengua.
"Para mí el latín es como el castellano" recuerda. "En mi casa se hablaba latín en la mesa," dice sonriente. Su estancia en Inglaterra coincidió con las Olimpiadas y el teólogo no perdió tiempo en conectarse con los atletas cubanos, sacarse fotos con todos ellos y hasta lograr que le hicieran una camiseta con el título de capellán. Pensaba que con todo ello ganaría la simpatía de sus futuros alumnos en el Colegio de Belén a donde ya le habían destinado como "principal".
Pero llegó lo que él llama su única prueba. Ocho días antes de salir para Cuba, recibió una carta del Provincial diciéndole que habían cambiado los planes . El no iría a Belén sino a la nueva Casa de Ejercicios del Calvario.
Desde la madurez, el sacerdote es capaz de ver el sentido de aquello. "Dios me estaba pidiendo, como a Abrahan: Sacrifica a tu hijo... a lo que más quieres."
Y aunque le costó mucho, dice que acababa de hacer un mes de ejercicios espirituales y no podía fallar.
Ahora entiende como aquel sí fue "altamente premiado". Dice que desde el Calvario entró en contacto con grandes figuras de la sociedad cubana. Y lo que es más, entró en contacto más directo con la Agrupación Católica y con su fundador el Padre Felipe Rey de Castro a quien sucedió en 1952, después de su repentina muerte, cuando el recién llegado acababa de hacer sus votos finales en la Compañía de Jesús.
Jorge Casteleiro conoció a Llorente en aquella época. Como presidente de la ACU entabló amistad con el joven sacerdote quien le confesó su inseguridad porque a pesar de tantos años de estudios sentía que no le habían preparado para predicar Ejerciciós. "Te sientas en la sacristía y me escuchas", le había dicho el padre Rey de Castro. "Verás que rápidamente vas a aprender."
Cincuenta años después el padre Llorente dice que "no puedo dar Ejercicios con una pizarra... tengo que contagiar, decir lo que vivo." Y vive agradecido de "haber descubierto la verdad y poder vivirla en unión grande con Cristo y con la Iglesia, con un Dios Padre que me quiere y con una madre, La Virgen, muy acogedora."
Obligado a salir de Cuba por su antiguo alumno, el padre LLorente no perdió tiempo en reunir a las ovejas descarriadas de la Agrupación. En un hotel de Miami Beach pasaron tres días meditando sobre el pasaje evangélico de la huida de la Sagrada Familia a Egipto "porque Herodes busca al Niño para matarle." Dice que "allí comprendimos que Dios no nos había abandonado y la Agrupación nació de nuevo," recuerda el sacerdote. Y empezó a unirse gente nueva.
"Hay hambre de espiritualidad", señala. "Aquí descubren un catolicismo combativo, abierto, elevador de la persona."
A Llorente le gusta una frase de José Martí: "Haga hombres quien quiera hacer patria". El hace su adaptación: "Haga católicos quien quiera hacer Iglesia." Por eso el énfasis de la ACU es en la formación . Como base está la espiritualidad: los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, su ascética, su mística, su método y pedagogía. También importa la convivencia: dearrolllar las relaciones humanas. Sin olvidar la "misión como servicio" pero "teniendo el mundo por horizonte".
El ve la formación como "un servicio a la Iglesia. Para que vayan a cualquier apostolado".
Aunque parece vivir como un hermitaño en su residencia frente al mar, el padre LLorente tiene el corazón puesto en el mundo y dice que queda mucho hacer. Cuando visita la Misión del nombre de Dios en San Agustín, Florida, echa en falta "una voz que cante, que rece". Dice que en ese "lugar maravilloso donde se inició la fe en los Estados Unidos hace una presencia contemplativa". El tiene ya el permiso del obispo y los terrenos, pero señala que faltan las monjas.
Y cuando visita su Castilla natal, en España, y ve los campos llenos de ovejas, se pregunta por qué no hacer una orden de monjes pastores de rebaños. Está convencido de que "con educación religiosa y en contacto con la naturaleza, los pastores pudieran ser grandes místicos".
Quizás lo tiene comprobado. Plantando y sembrando se le pasa el tiempo en el jardín, mientras la mente vuela pensando en su Dios. Y si se le olvida que él es sacerdote, no tiene más que levantar la mirada hacia la bahía y contemplar la escultura de San Pedro echando las redes. A él, Dios le llamó a ser "pescador de hombres".

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